domingo, 13 de enero de 2019

Renazco



Me perdí. Durante un tiempo.
Estuve perdida y ni yo misma sabía que era lo que quería.
Me dañé. Durante un tiempo.
Me hice tanto daño que fui capaz de no permitirme sentir durante un tiempo.
Me dejé de querer. Durante un tiempo.
Pensé que si ya me querían otros no hacía falta que yo siguiera haciéndolo.
Y qué error.
Fue un error desde el principio.
Fue un error bloquear mis emociones, fue un error no permitirme sentir, fue un error no aceptarme ni aceptar lo que estaba experimentando en cada momento.
Fue un error dejarme llevar por el miedo. Siempre es el miedo.
Siempre la excusa del maldito miedo.
Y es solo eso, una excusa. Una excusa para no ver que lo que realmente necesitabas era a ti. Que no era miedo sino nostalgia.
Que querías quererte y lo ignorabas. Que habías dejado de sonreír y de admirar la vida como lo hacías. Que te culpabas, te martirizabas y pensabas que no eras suficiente.
Que la única persona que permitías que te dañase eras tú misma y eras la peor.
Pero qué bonito es volver a sentirte tú. Qué bonito cuando te permites sentir, cuando te permites vivir. Qué bonito volver a admirar la vida y enamorarte cada día
de los pequeños detalles. Qué bonito ver la belleza en cada rincón, la magia por todas partes y las personas que son luz.
Qué bonito desprenderte de todo aquello que no te aporta, desprenderte de cada inseguridad, cada complejo, cada pensamiento autodestructivo.
Qué bonito es perdonarse y volver a quererse. Qué bonito es que te quieran bien y de verdad.
Qué bonito volver a creer en las casualidades, aprender que es verdad eso de que no hay mal que por bien no venga. Y joder, que bien.
Qué bonito es que te muestren otra visión del mundo, el cómo el mismo atardecer se puede percibir de dos maneras distintas.
Qué bonito no sentir miedo y arriesgarse con cada palabra. Qué bonito es amar y cuánto tiempo he tardado en volver a hacerlo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario