Me
perdí. Durante un tiempo.
Estuve
perdida y ni yo misma sabía que era lo que quería.
Me
dañé. Durante un tiempo.
Me hice
tanto daño que fui capaz de no permitirme sentir durante un tiempo.
Me dejé
de querer. Durante un tiempo.
Pensé
que si ya me querían otros no hacía falta que yo siguiera haciéndolo.
Y qué
error.
Fue un
error desde el principio.
Fue un
error bloquear mis emociones, fue un error no permitirme sentir, fue un error
no aceptarme ni aceptar lo que estaba experimentando en cada momento.
Fue un
error dejarme llevar por el miedo. Siempre es el miedo.
Siempre
la excusa del maldito miedo.
Y es
solo eso, una excusa. Una excusa para no ver que lo que realmente necesitabas
era a ti. Que no era miedo sino nostalgia.
Que
querías quererte y lo ignorabas. Que habías dejado de sonreír y de admirar la
vida como lo hacías. Que te culpabas, te martirizabas y pensabas que no eras
suficiente.
Que la
única persona que permitías que te dañase eras tú misma y eras la peor.
Pero qué
bonito es volver a sentirte tú. Qué bonito cuando te permites sentir, cuando te
permites vivir. Qué bonito volver a admirar la vida y enamorarte cada día
de los
pequeños detalles. Qué bonito ver la belleza en cada rincón, la magia por todas
partes y las personas que son luz.
Qué
bonito desprenderte de todo aquello que no te aporta, desprenderte de cada
inseguridad, cada complejo, cada pensamiento autodestructivo.
Qué
bonito es perdonarse y volver a quererse. Qué bonito es que te quieran bien y
de verdad.
Qué
bonito volver a creer en las casualidades, aprender que es verdad eso de que no
hay mal que por bien no venga. Y joder, que bien.
Qué
bonito es que te muestren otra visión del mundo, el cómo el mismo atardecer se
puede percibir de dos maneras distintas.
Qué
bonito no sentir miedo y arriesgarse con cada palabra. Qué bonito es amar y cuánto
tiempo he tardado en volver a hacerlo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario