" I don't want to be loved very much.
I want to be loved". (The dreamers)
Cuántas veces habremos ansiado que alguien nos quiera.
De esa maldita forma como se quiere en las películas.
De esa forma tan romantizada que tenemos del amor.
Cuántas veces nos habremos conformado con alguien que sabemos
que jamás querremos, pero que nos empeñamos en forzarlo.
Cuántos momentos juntos habremos planeado que parecen sacados
de la novela más romántica de la historia.
Cuántas veces nos habremos mirado como queriendo que nuestras miradas alcanzasen sentimientos
como los que le llevaron a Jack a morir por Rose en Titanic.
Y no. El amor no consiste en eso.
El amor no es romantizar cada momento, idealizar a la persona,
llenar de clichés cualquier detalle un martes por la tarde.
No. El amor no se fuerza.
El amor no es conformismo.
Ni siquiera es insano. Estábamos equivocados.
Todo el tiempo.
El amor es reír todo el rato. Es fundirte en un abrazo.
Es aceptarte y aceptar. Es no juzgar ni juzgarte.
El amor es todo lo bueno que nos rodea. Es eso que todo el mundo siempre está buscando
y acaban fracasando.
Pero no porque no exista, sino porque no son capaces de verlo.
Se empeñan en buscarlo en los lugares equivocados,
se empeñan en forzarlo, en orientarlo únicamente a la concepción del amor romántico
unido única y exclusivamente a una pareja afectiva.
Qué jodido error.
El amor va más allá de todas esas concepciones, de todas esas imposiciones,
de todas esas conformidades.
Y solo aquellos que son capaces de liberarse del propio egoísmo y de la necesidad serán capaces de encontrarlo.
Hasta entonces . . .