martes, 29 de enero de 2019

Stella del mattino

" I don't want to be loved very much.
   I want to be loved". (The dreamers)

Cuántas veces habremos ansiado que alguien nos quiera.
De esa maldita forma como se quiere en las películas.
De esa forma tan romantizada que tenemos del amor.
Cuántas veces nos habremos conformado con alguien que sabemos
que jamás querremos, pero que nos empeñamos en forzarlo.
Cuántos momentos juntos habremos planeado que parecen sacados
de la novela más romántica de la historia.
Cuántas veces nos habremos mirado como queriendo que nuestras miradas alcanzasen sentimientos
como los que le llevaron a Jack a morir por Rose en Titanic.

Y no. El amor no consiste en eso.
El amor no es romantizar cada momento, idealizar a la persona, 
llenar de clichés cualquier detalle un martes por la tarde.
No. El amor no se fuerza.
El amor no es conformismo.
Ni siquiera es insano. Estábamos equivocados.
Todo el tiempo.

El amor es reír todo el rato. Es fundirte en un abrazo.
Es aceptarte y aceptar. Es no juzgar ni juzgarte.
El amor es todo lo bueno que nos rodea. Es eso que todo el mundo siempre está buscando
y acaban fracasando.
Pero no porque no exista, sino porque no son capaces de verlo.

Se empeñan en buscarlo en los lugares equivocados,
se empeñan en forzarlo, en orientarlo únicamente a la concepción del amor romántico
unido única y exclusivamente a una pareja afectiva.
Qué jodido error.

El amor va más allá de todas esas concepciones, de todas esas imposiciones,
de todas esas conformidades.
Y solo aquellos que son capaces de liberarse del propio egoísmo y de la necesidad serán capaces de encontrarlo.

Hasta entonces . . .

domingo, 13 de enero de 2019

Renazco



Me perdí. Durante un tiempo.
Estuve perdida y ni yo misma sabía que era lo que quería.
Me dañé. Durante un tiempo.
Me hice tanto daño que fui capaz de no permitirme sentir durante un tiempo.
Me dejé de querer. Durante un tiempo.
Pensé que si ya me querían otros no hacía falta que yo siguiera haciéndolo.
Y qué error.
Fue un error desde el principio.
Fue un error bloquear mis emociones, fue un error no permitirme sentir, fue un error no aceptarme ni aceptar lo que estaba experimentando en cada momento.
Fue un error dejarme llevar por el miedo. Siempre es el miedo.
Siempre la excusa del maldito miedo.
Y es solo eso, una excusa. Una excusa para no ver que lo que realmente necesitabas era a ti. Que no era miedo sino nostalgia.
Que querías quererte y lo ignorabas. Que habías dejado de sonreír y de admirar la vida como lo hacías. Que te culpabas, te martirizabas y pensabas que no eras suficiente.
Que la única persona que permitías que te dañase eras tú misma y eras la peor.
Pero qué bonito es volver a sentirte tú. Qué bonito cuando te permites sentir, cuando te permites vivir. Qué bonito volver a admirar la vida y enamorarte cada día
de los pequeños detalles. Qué bonito ver la belleza en cada rincón, la magia por todas partes y las personas que son luz.
Qué bonito desprenderte de todo aquello que no te aporta, desprenderte de cada inseguridad, cada complejo, cada pensamiento autodestructivo.
Qué bonito es perdonarse y volver a quererse. Qué bonito es que te quieran bien y de verdad.
Qué bonito volver a creer en las casualidades, aprender que es verdad eso de que no hay mal que por bien no venga. Y joder, que bien.
Qué bonito es que te muestren otra visión del mundo, el cómo el mismo atardecer se puede percibir de dos maneras distintas.
Qué bonito no sentir miedo y arriesgarse con cada palabra. Qué bonito es amar y cuánto tiempo he tardado en volver a hacerlo.